Cómo llegar a ser pobre

Las historias de éxito son leyendas que se repiten en un lugar y otro como si fuera un conjunto con el que atraer la riqueza, una fórmula mágica para recibir dinero del éxito o de la casualidad. 

En Todos con casa me encuentro mil historias de cómo llegar a ser pobre. Sí, de cómo llegar a ser pobre, porque las personas que me encontramos en nuestro camino no tienen alma de pobre, no lo traen heredado de sus padres, no vienen con un historial de pobreza cronificada, no tienen una historia de vida de alcohol o enfermedad que les haya llevado a la calle. Son historias que surgen de un paro de larga duración, de la incapacidad de nuestras empresas de invertir en reciclaje profesional, de la torpeza de nuestra sociedad de resolver la situación de mujeres con menores a cargo que les he imposible conciliar el bienestar familiar y las necesidades económicas con casi siempre un trabajo mal remunerado, de las bajas pensiones que tienen a muchos jubiladas y jubilados sin una renta suficiente para acceder a un alquiler digno o simplemente a un alquiler (sea el que sea), o son las historias de jóvenes que han vivido bajo la tutela de las instituciones hasta que un día, justo la misma fecha en que cumplen los 18 años, pasan a no tener ninguna protección.  

Nos hemos acostumbrado a explicar realidades complejas con cifras, con números en los que, para no perdernos, tenemos que tratar de extraer realidades concretas: por mucho que hablen de recuperación económica no hay síntomas de que haya llegado cuando la pérdida de renta de los últimos años puede superar el 25 por ciento – en concreto, el 25,9%, si es una persona en desempleo, el 13.2% entre las personas con titulación superior, o un 10.9% de las mujeres. Estos datos del informe Arope 2018, no logran describir a los nuevos pobres que suman ya más de la cuarta parte de la población española, un total de “12.338.187 personas, que suponen el 26,6 % de la población residente en España está en Riesgo de Pobreza y/o Exclusión Social.”

Para explicar las vidas de estos millones de personas tenemos que buscar a veces conceptos como la Privación Material Severa. Con sólo tres letras se condensa la vida cotidiana de quienes viven en hogares que están lejos de lograr el consumo de al menos cuatro de los nueve que se consideran básicos en el territorio europeo, comer una vez carne, pollo o pesado al menos cada dos días, mantener la vivienda con una temperatura adecuada, afrontar gastos imprevistos, no disponen de teléfono, televisión, lavadora o automóvil, pero también que sufren retrasos en los pagos relacionados con su vivienda en el último año, o que no pueden ir de vacaciones al menos una semana al año.  Así viven una de cada veinte españoles, pero también uno de cada siete extranjeros que llegaron a España desde países exteriores a la Unión Europea. 

Soy una devora informes, en ellos encuentro una base científica, datos cuantitativos que dan certeza a aquella realidad que veo y siento, aunque las cifras se me quedan cortas: La realidad es que las personas hemos perdido mucho más, el día a día de Todos con casa me enseña que cada vez somos más pobres, en cantidad y en expectativas, que muy pocas veces alcanzamos –y si lo hacemos es de forma momentánea- una situación de relativa normalidad, sin sobresaltos económicos. Estamos ante una nueva clase social en riesgo de exclusión, en un contexto en el que seguimos sin herramientas sociales que puedan ayudar a responder a estas personas. Como nuevos pobres, no tenemos experiencia, no sabemos o nos parece indigno depender, nos quedamos paralizadas si se trata de pedir, si nos ponemos en una cola de las que existen en la ciudad, pagamos un precio demasiado alto por ponernos enfrente de una trabajadora social -con lo que admiro esta profesión- para descubrir que el sistema no piensa en personas como yo misma, que hay gente para la que no hay ayudas. El día que olvide las lágrimas o se me quite el nudo en la garganta sabré que mi situación de pobreza, o de mi Privación Material Severa, se habrá normalizado, que se ha convertido en crónica. Así entendí que para “mi pobreza” no hay sitio en la sociedad, que se hace invisible cuando quienes viven a tu alrededor nunca te preguntan de forma abierta ¿Cómo sobrevives? ¿Cómo consigues pagar suministros básicos a precio de artículos de lujo? ¿Cómo comes?, sin reproches.

Es ahí donde Todos con Casa tiene sentido para quienes creemos en la colaboración, en el respeto a la intimidad, en comprender las carencias, en sentirse fuerte y trabajar por el valor de su vida, a comprender la carencia e, incluso, las carencias como parte de un sistema en el que se invisibiliza de qué forma se absurda una sociedad sin conciencia humana de lo social. Mucho peor si una pobreza como la mía, en al que no me falta la risa y la sonrisa, tramito constancia y fuerza que muchos leen en mi cara con una letra distinta: “No estarás tan mal”.

Nosotros mismos cuando no sabemos cómo llegamos aquí, cuando olvidamos la corrupción política, el rescate del sistema financiero, si olvidamos que lo importante son las personas, los jóvenes y menores, todos los que podemos pasar cualquier día a ser nuevos pobres.